Te crees tan importante...

 Qué difícil es aceptar que se te hace de menos. Qué difícil hacerse a la idea de que los demás conocen nuestros fracasos y nuestras frustraciones, la parte menos positiva de nuestro ser, pero la suerte está echada. Ellos saben que eres un mediocre, un aprovechado, un manipulador y un maleducado, algo que nunca pudieron sospechar porque te habías pasado largos años intentando crear un personaje diametralmente opuesto. Ahora tendrás que tener cuidado no sólo con el bocazas, sino también con todos sus acólitos. Y qué fácil es creerse un comentario negativo sobre un amigo o conocido, más que nada porque mientras se habla de él no se habla de uno y no se airean las propias mierdas.

El que ha sido apuntado por el dedo acusador lo tiene meridianamente oscuro. Los frustrados aspirantes a triunfadores se alejarán rápidamente de él no sea que se les vaya a pegar algo o se descubra que están en una situación idéntica. Perderá todos sus apoyos, excepto el del segundo tonto (el primero era el bocazas), ese tipo que, también para darse notoriedad y diferenciarse, para poder ejercer el orgullo y la soberbia, ha decidido que prefiere ser el salvador de los parias, de los rechazados, de los que se están quedando sin el personaje. Pero el segundo tonto, al contrario que ocurría con el bocazas, pronto experimentará también el rechazo del ambiente y no durará demasiado como compañía útil.


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