Te sientes mal
Mírate al espejo. ¿Qué ves? Seguro que un ser humano, sea hombre o mujer, de la primera, la segunda o la tercera edad. Con peor aspecto que el que tenías hace unos años, las carnes más flojas, más ojeras, menos pelo, tal vez algunas canas. Posiblemente te quedes en la superficie, asomándote a lo que es obvio para los demás y a lo que tú normalmente prestas poca atención.
¿Y què va por dentro de lo que ves en el espejo? Pues eso a lo que tan rimbonbantemente se refiere el personal cuando de juzgar a otro se trata. «La belleza existe en tu interior», «el aspecto externo no importa», «la belleza es efímera»... todo mentira. Al igual que tú te fijas en tu aspecto físico cuando te miras en el espejo, el resto del mundo te juzga por tu apariencia y lo sabes. Por eso te vistes de una manera determinada, te decoras con el fin de producir el efecto que deseas en tu auditorio que, para los efectos de la vida cotidiana, somos todos.
¿Y qué ocurre cuando no logras el efecto deseado? Pues que, por mucho que lo niegues, te sientes pequeñito, pequeñito, pequeñito, piensas que los demás son los triunfadores y tú el fracasado y empiezas a interrogarte peligrosamente por el sentido de la vida y la finalidad de tu existencia. Buscando la nada acabas alcanzando las más altas cotas de la miseria, que diría Groucho Marx.
Sí, por mucho que digas otra cosa, lo que piensen los demás de ti te importa, y mucho. Aunque te creas las paparruchas esas de que hay que quererse a uno mismo, de que si quieres algo y te esfuerzas por lograrlo lo conseguirás, de que en la vida todas las enfermedades se curan y de que si sientes dolor es porque te da la gana, en el fondo sabes que eres un ser humano débil y vulnerable al que se le puede dañar de muchas formas y no todas físicas. Se te puede rechazar, ignorar, criticar y vilipendiar para conseguir que asciendas aún más al punto culminante de la miseria sin que tú puedas hacer nada. Estás en manos del auditorio, de ellos depende que triunfes esta noche, que se te relegue al olvido o se te dé una patada en el culo y te vayas a vivir debajo del puente.
¿Qué esperas al leer estas páginas? ¿Una solución a este problema? Pues lo siento, pero has ido al lugar más inapropiado. En lugar de darte recetas fáciles, de esas que todo el mundo busca, todo el mundo lee, todo el mundo compra y de las que nadie saca nada más que la cabeza caliente y los pies fríos, voy a contarte cómo y por qué te has convertido en un ser vulnerable, atontolinado y capaz de renunciar a todo por un murmullo de aprobación. ¿Empezamos el camino?
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