Eres un quejica
Uno puede quejarse de que le hacen de menos sólo por una razón: Porque considera que no está recibiendo todo lo que se merece. A uno se le hace de menos cuando no se le tiene en cuenta, cuando se le priva de privilegios para dárselos a otro. Cuando sufres porque te hacen de menos te estás engañando y nos estás engañando: Sufres porque quieres vencer siempre, imponer las reglas, decidir qué está bien y mal, ser el juez supremo de todo lo que ocurre y te rebelas cuando ves que no es así.
Te quejas de todo, nada está bien, vives en un mundo de imperfectos, rodeado de imperfecciones. Tu soberbia te hace creerte más allá del bien y del mal convirtiéndote en el juez supremo, en una especie de dios de tu vida cotidiana, pero quienes te rodean están, o estamos, hartos de que sea así.
Que mira, que no. Que una cosa es que te consideres inferior a todo el mundo y otra que vayas de prepotente y juzgón por la vida. Que, por si no te habías enterado, en el punto medio está la virtud y si tienes miedo a que las cosas no salgan como tú quieres es tu miedo, y no el de quienes te quieren o te rodean, que si te gusta la gloria, la adulación o el pelotilleo es sólo porque de esa forma te olvidas de que crees que eres justo lo contrario a eso que te dicen.
Tus quejas no son más que un intento desesperado de llamar la atención sobre lo injusta que la vida ha sido contigo, la manera políticamente correcta de ocultar tu soberbia. Y estamos hartos, muy hartos de ellas.
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