Mírate al espejo. ¿Qué ves? Seguro que un ser humano, sea hombre o mujer, de la primera, la segunda o la tercera edad. Con peor aspecto que el que tenías hace unos años, las carnes más flojas, más ojeras, menos pelo, tal vez algunas canas. Posiblemente te quedes en la superficie, asomándote a lo que es obvio para los demás y a lo que tú normalmente prestas poca atención. ¿Y què va por dentro de lo que ves en el espejo? Pues eso a lo que tan rimbonbantemente se refiere el personal cuando de juzgar a otro se trata. «La belleza existe en tu interior», «el aspecto externo no importa», «la belleza es efímera»... todo mentira. Al igual que tú te fijas en tu aspecto físico cuando te miras en el espejo, el resto del mundo te juzga por tu apariencia y lo sabes. Por eso te vistes de una manera determinada, te decoras con el fin de producir el efecto que deseas en tu auditorio que, para los efectos de la vida cotidiana, somos todos. ¿Y qué ocurre cuando no logras el efecto deseado? Pues que,...
Sencillo: Porque realmente no vales para nada. Sí, ese ser que ves en el espejo y que va envejeciendo lentamente, es de lo más inútil. Tal vez sepa hacer una, dos o tres cosas, lo que le servirá de fuente de ingresos, dinero que lo convertirá en un esclavo de quien necesite sus servicios. Ese que ves en el espejo hace tiempo que acabó convirtiéndose en un mercenario que vende sus habilidades al mejor postor en lugar de regalarlas para el bien común y tiene que hacerlo así porque todo el mundo lo hace y no iba a ser menos. Pero en su fuero interno sabe que no vale para nada, que cientos, miles de personas harían lo mismo que él hace igual o mejor, y que cuando no esté no tardarán nada en reemplazarle y olvidarle por completo. El ser del espejo, y el que está a este lado del espejo, son reflejos fugaces, efímeros, insignificantes. ¿Cómo vas a valorarte?
Sí, eres un compendio, un dechado, un almacén de virtudes, pero el mundo no parece saberlo. Eres noble, amigo de tus amigos, discreto, respetuoso, voluntarioso, trabajador, amable, educado, generoso, paciente, comprensivo, afectuoso, te gusta decir las cosas a la cara aunque muchas veces cedas para evitar problemas y no sé cuántas cosas más. Muchas de estas virtudes no aparecen más que en las relaciones cercanas, con tus elegidos, y es muy posible que en otros círculos no te perciban de esta forma pero eres así. Puede que seas consciente de que has diseñado una armadura para protegerte del daño emocional o que hayas renunciado a ella y te muestres tal como eres, lo que seguramente te habrá hecho recibir un sinnúmero de inmerecidos bofetones de los que pareces no aprender. Eres un saco lleno de virtudes, pero no te sirve para nada. ¿Cómo no te has dado cuenta? Pues porque, además de estos dones, también tienes un número de antivirtudes a los que te entregas con delectación y apasionamie...
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